Cinco ejemplos de buenas prácticas inclusivas y diez reflexiones y sentimientos

Daniel tiene 30 años y está diagnosticado de TEA (Trastorno del Espectro Autista). Apenas se comunica con los demás, no lee, no conoce los números, su atención es muy limitada… Llama la atención su animadversión hacia cualquier cosa que se sitúe a escasa distancia de sus ojos. Las profesoras y los estudiantes de la asignatura “Atención optométrica en condiciones especiales“, optativa del cuarto curso del grado de Óptica y Optometría, consiguieron, en una de sus visitas a centros de pacientes con autismo incluidas en sus prácticas, hacer un reconocimiento a Daniel. Le detectan hipermetropía, es decir vista borrosa a corta distancia. Desde que usa gafas Daniel atiende a las tareas que se le proponen, se fija en los objetos que tiene ante sí, mira a sus compañeros, se desplaza… “En resumen, ha mejorado su calidad de vida“, señala con orgullo la profesora Yolanda Martín.

La asignatura “Atención optométrica en condiciones especiales” es un ejemplo de práctica académica inclusiva en la Universidad Complutense. Hay muchas más. Coincidiendo con la celebración, a comienzos de este mes de diciembre, de la Semana de las Capacidades, los responsables de varias de estas “buenas prácticas inclusivas” se reunieron en la Facultad de Odontología para darlas a conocer. Junto a la profesora de Óptica Yolanda Martín estuvieron Alejandra García Frank, una de las promotoras de la Asociación Ciencia sin Barreras desde la Facultad de Geológicas; el informático Juan Pavón, cuyo grupo de investigación está centrado en las soluciones inclusivas; la profesora de la Facultad de Educación Elisa Ruiz, quien coordina el programa STUNIN, con el que 15 estudiantes con discapacidad intelectual leve se han incorporado a la Universidad, y la profesora Paloma Planells, quien desde hace años dirige el pionero título propio en Atención odontológica integrada en el niño con necesidades especiales. Junto a ellos estuvo la delegada del rector para la Unidad de Apoyo a la Universidad e Inclusión (UCM d+i), Mercedes García, quien recordó el cambio de mirada que alienta la Complutense, en el que la palabra discapacidad ha sido sustituida por diversidad y ayudar por compartir. “Estamos centrados en las capacidades de las personas, en organizar iniciativas que nos permitan compartirlas juntas“, señala.

Ciencia sin Barreras

La profesora Alejandra García Frank, del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas, es la primera en tomar la palabra. Explica que como ella hay muchos, cada vez más, profesores e investigadores que quieren que la ciencia llegue a todos, incluidas las personas con diversidad funcional. Lo pretenden “porque -defiende la profesora García Frank- es un derecho fundamental, porque entender algo que está en abstracto mejora el autoconcepto del individuo, e incluso para los propios divulgadores es un reto lograrlo y cuando lo conseguimos nos sentimos realmente capaces de llegar a cualquier miembro de la sociedad”.

Ciencia sin barreras es una asociación sin ánimo de lucro que promueve la divulgación científica inclusiva, con el lema “Ciencia para todos”. Su origen está en un proyecto de innovación docente (PID) denominado Geodivulgar, que aún continúa vigente tras haberse renovados como PID en los tres cursos siguientes y en los dos últimos ya dentro del programa Innova Docentia. Con la colaboración del Instituto de Geociencias (IGEO) y del Instituto Geológico Minero han organizado en estos ya más de cinco años de existencia muchísimas actividades encaminadas a divulgar la Geología. La asociación tiene 45 asociados y más de 20 colaboradores. También es constante la ayuda de estudiantes de la Facultad.

En 2014 nace Ciencia sin barreras. La intención es agrupar iniciativas de divulgación científica inclusivas. Así junto a Geodivulgar, se integran otros proyectos como el ahora denominado I am able, que desarrollan profesores de la Facultad de Químicas, así como otros de otras universidades. En 2016 Ciencias sin barreras, como destaca la profesora García Frank, fue incluida entre las 10 mejores prácticas de innovación docente y TIC destacadas en la Zero Project Conference. Ciencia sin barreras cada vez organiza más actividades y ha ampliado sus ámbitos de acción. Como ejemplo, la profesora García Frank cita la colaboración que han emprendido, a través del proyecto SpaceIN, con la Agencia Espacial Europea (ESA) y que ha deparado actividades como talleres para mostrar la intensidad luz de las estrellas a invidentes o “catas de agua marciana” para todos los públicos.

Los integrantes de Ciencias sin barreras defienden el denominado diseño universal del aprendizaje, es decir que cualquier actividad adaptada para personas con diversidad funcional es válida para todos. Así, utilizan materiales multisensoriales adaptados para cada actividad concreta por ellos mismos. Tratan de que sus actividades sean continuadas en el tiempo, lo que les permite ir de talleres básicos a actividades más complejas.

Innovación socialmente responsable

El profesor de la Facultad de Informática Juan Pavón es codirector de GRASIA (Grupo de investigación en Aplicaciones Sociales e Interdisciplinares basadas en Agentes). Según explica, se dedican fundamentalmente a diseñar soluciones tecnológicas que ayuden a colectivos vulnerables, como los formados por personas con algún tipo de discapacidad y también personas mayores que sufren parkinson, alzheimer… Hace unos pocos años tomaron la decisión de integrar en el grupo a personas ajenas al mundo de la informática. Así, se incorporaron sociólogos, con el objetivo de buscar necesidades sociales reales, y también de ámbitos como el de la enfermería. “Para nosotros fue un cambio radical -afirma Pavón. Como informáticos siempre buscábamos la solución más compleja. Sin embargo, la experiencia de quienes están con personas mayores o con diversidad nos hicieron ver que las soluciones debían ser más simples, más eficaces y más baratas. Esto, el estar totalmente dirigidos a la sociedad, nos ha dado el éxito“. En la actualidad, el grupo de investigación está formado por 20 personas y su presupuesto, el 90% procedente de fondos europeos, supera los 2 millones de euros.

Uno de los programas europeos en los que participa GRASIA es RISEWISE (Women with disabilities in social engagement). Su objetivo es empoderar a las mujeres con discapacidad en distintos aspectos de su vida social. Forma parte del Programa H2020 y facilita el intercambio de personas entre el ámbito académico y no académico. Por parte de las universidades -también hay empresas y ONG- pueden solicitar participar en el programa (la dotación mensual es de 2.000 € y gastos de acompañante si es necesario) el personal docente e investigador y también de administración y servicios. Los destinos son Estocolmo, Liz, Bolonia, Roma, Génova, Brescia, Guimaraes, Ankara y Estambul. Las participantes desarrollan un plan de actividades con la supervisión de un mentor y tienen que hacer a su vuelta un informe de la experiencia, en el que incluyan un análisis de las barreras de cualquier tipo que hayan encontrado y la identificación de buenas prácticas. “De vez en cuando -explica el profesor Pavón- se celebran workshops para presentar estos informes e identificar oportunidades para nuevos proyectos tanto tecnológicas como integrales“. Las complutenses que estén interesadas pueden informarse a través de la oficina de UCM d+i

Atención optométrica en condiciones especiales

Las profesoras Yolanda Martín y Guadalupe González imparten la asignatura optativa de 4º curso del grado de Óptica y Optometría denominada “Atención optométrica en condiciones especiales”, ofertada a un máximo de 24 estudiantes. Las experiencias de estas profesoras con asociaciones como Abre tus ojosDown España o Pauta, esta última relacionada con el autismo, las hicieron pensar en la posibilidad de crear una asignatura en el plan de estudios que permitiera a los estudiantes conocer cómo deben atender a pacientes con necesidades especiales. “Se trata -explica la profesora Yolanda Martín- de ofrecer formación a los estudiantes para dar asistencia adaptada que permita a los pacientes de entre 3 y 50 años mejorar su visión y calidad de vida“.

En la asignatura se da formación teórica sobre protocolos y estrategias y se incluyen 24 horas prácticas fuera del aula. Para realizar estas prácticas, profesoras y estudiantes cargan cada semana con el material necesario y se trasladan a diversos centros de educación especial, centros ocupacionales y residencias. Desde que se imparte la asignatura en el curso 2014/15, la profesora Martín calcula que han atendido a 240 niños en riesgo de exclusión social y a 100 personas con diversidad intelectual. En la mayoría de los casos esa era la primera vez en su vida en la que se les realizaba una evaluación visual. El caso de Daniel antes resumido muestra hasta qué punto se puede cambiar la vida de una persona con una formación adecuada.

La profesora Yolanda Martín también cuenta en su participación en la mesa sobre “Buenas prácticas inclusivas en la UCM” que posiblemente el próximo curso la asignatura no seguirá, ya que no tiene dotación material ni el trabajo que hacen tanto ella como su compañera Guadalupe González no es reconocido como mérito para su estabilización, es el caso de su compañera, o posible promoción de sus carreras docentes.

STUNIN: Estudios universitarios inclusivos

Desde comienzo de este curso, quince estudiantes acuden a diario a la Facultad de Educación para cursar el diploma universitario de formación continua STUNIN (Estudios Universitarios Inclusivos). Según explica la profesora de la Facultad de Educación Elisa Ruiz, el programa -que cuenta con financiación de la Fundación ONCE y el Fondo Social Europeo- está dirigido a personas con discapacidad intelectual leve. “Lo están realizando 15 estudiantes, 8 chicas y 7 chicos entre 20 y 26 años, diagnosticados con discapacidad intelectual leve. Están en tierra de nadie. Son muy participativos y comunicativos. Lo ven como una oportunidad, tienen muchas ganas de superación y de aprender y enormes ganas de trabajar“, resume la profesora Ruiz.

STUNIN -que también responde al lema “Es tu uni”– busca dar una formación integral para potenciar la autonomía de sus estudiantes y aumentar sus posibilidades de acceder a un empleo. “Se les dan capacidades personales y profesionales. Es muy práctico. Intentamos reproducir condiciones laborales como puntualidad, asistencia, buena presencia… Es una preparación para la vida y un aprender a trabajar trabajando“, señala Elisa Ruiz, quien coordina el equipo pedagógico formado por 4 docentes y 3 estudiantes en prácticas, que se encargan de la buena marcha del programa, junto a los alrededor de 15 docentes que colaboran impartiendo las clases. Los hay de Educación, Ciencias de la Información, Informática, Enfermería y Bellas Artes. Muchas clases utilizan técnicas de aprendizaje basado en proyectos (ABP) y también metodologías de Aprendizaje-Servicio (APs). El programa se ha ofertado como un diploma universitario de formación continua; en principio de 2 años de duración y 800 horas. En el segundo año realizarán prácticas externas y luego se les incluirá en una bolsa de empleo.

La profesora Ruiz considera que además de beneficiar a los estudiantes que lo están realizando, STUNIN en estos pocos meses que se lleva impartiendo también ha demostrado que beneficia a los estudiantes de grado y también a los profesores y personal de la Facultad, que están “descubriendo las capacidades de las personas con diversidad intelectual. Estamos abriendo la universidad porque la educación es un derecho universal de todos“, concluye Elisa Ruiz.

Atención odontológica a niños con necesidades especiales

La profesora Paloma Planells cuenta que desde hace años el equipo de médicos y odontólogos que ella lidera realizan una labor cuya demanda es solicitada diariamente por los familiares de los niños que requieren una asistencia dental especializada. “Nuestro trabajo desde la formación postgraduada de licenciados en odontología, consiste en ofrecer formación específica para que la población de niños vulnerables existente en nuestro país, sea tratada a nivel de su salud oral, de forma individualizada y acorde con sus necesidades específicas”, resume la profesora Planells.

Desde finales de los años 90, la profesora Planells ha participado en la creación de estudios de posgrado dedicados a la formación de odontólogos especializados en la atención a niños con necesidades especiales. En la actualidad, se trata de un título propio de especialista en Atención odontológica integrada en el niño con necesidades especiales. Sus estudiantes, como señala Planells, adquieren formación en la propia Facultad de odontología, pero también de centros hospitalarios y asociaciones con convenio con la UCM. “Somos requeridos por asociaciones y escuelas de formación especial en niños diagnosticados de problemas relacionados con trastorno del espectro autista (TEA). El tratamiento de problemas orales en estos casos, es considerado como un auténtico reto para nuestra especialidad en el campo de la salud. Para que el niño pueda acceder al tratamiento oral -continúa explicando la profesora Planells-, debe ser previamente preparado con técnicas de desensibilización sistemática durante las fechas previas a su asistencia en el gabinete dental. En niño reconocerá mediante pictogramas o fotografías cada uno de los pasos a seguir durante el tratamiento. Todo ello requiere una preparación meticulosa, y rigurosa de documentación que favorecerá el acercamiento del niño sin estrés, aceptando los tratamientos para poder conseguir una salud oral óptima en el paciente. Idealmente, se formará un equipo de salud oral en la escuela y el hogar que sin duda ayudará a conservar a lo largo de los años todas las metas conseguidas. Estos protocolos de tratamiento los realizamos en las clínicas de la Facultad de Odontología“, concluye la profesora Paloma Planells.

Diez sentimientos y reflexiones

Mientras escucha los detalles de todas estas buenas prácticas inclusivas, la delegada del rector Mercedes García va tomando notas. Días después las comparte con Tribuna Complutense. Son un decálogo, no de acciones, sino de sentimientos, reflexiones y sensaciones:

1. Orgullosas de ser/estar en una universidad inclusiva.

2. Cambio: de mirada, de servicio, de práctica, de innovación y de metodología de investigación… dirigida a todas las personas.

3. Dirigido por/a las personas y por/a la sociedad.

4. Dar voz a los participantes: qué quieren y cómo lo quieren.

5. Colaboración universitaria interprofesional, interdepartamental, trabajo en red.

6. Resaltan la dimensión social e inclusiva de la universidad, cooperando con las entidades sociales y asociaciones expertas.

7. Sostenibilidad en el tiempo (no son experiencias puntuales).

8. Bienestar. Prácticas que hacen sentirse bien, enganchan a profesorado y estudiantes.

9. Impactan en el centro y en la sociedad, nos hacen asumir más responsabilidad como profesionales.

10. Abren los ojos. Nos enseñan a aprender a mirar…. lo que nos invita a seguir identificando buenas prácticas en la UCM.

 

Artículo original: http://tribuna.ucm.es/

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